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Lectura Oral Sostenida

 

DESTINATARIOS:

Los alumnos de Primero a Sexto Año.

RESPONSABLES:

Prof. Sandra Schaffer – Lorena Ozuna

ESPACIO CURRICULAR INTERVINIENTE:

Lengua

FUNDAMENTACIÓN:

La alfabetización es la puerta de entrada a la cultura escrita y a todo lo que ella conforma: una cierta e importante socialización, conocimientos e informaciones de todo tipo. La lectura es un instrumento de aprendizaje: leyendo podemos aprender cualquiera de las disciplinas del saber humano. Pero, además, la adquisición del código escrito implica el desarrollo de las capacidades cognitivas superiores. Quien aprende a leer eficientemente y lo hace con constancia desarrolla, en parte, su pensamiento. Por eso, en definitiva, la lectura se convierte en un aprendizaje trascendental para la escolarización y para el crecimiento intelectual de la persona.

Pero a pesar de la importancia de la lectura, todavía hay mucha gente que no sabe leer ni escribir.  En primer lugar, la concepción de la lectura en la escuela tradicional nos ha instruido en las microhabilidades más superficiales y primarias, que son las que ha considerado importantes, es decir: discriminar la forma de las letras, establecer la correspondencia entre sonidos y grafías, leer palabra por palabra, pronunciar las palabras correctamente, entender todas las palabras de cada texto etc. También nos ha hecho entender lo que supuestamente es la buena lectura (leer libros de literatura) y lo que se cree que no lo es (leer notas publicidad, redacciones de alumnos, cartas, etc.) Por último, se piensa que el trabajo de un lector consistía en obtener la información que el texto aportaba, transponiendo directamente el significado del texto a su mente.

Sin embargo, las investigaciones realizadas sobre la lectura en las últimas décadas han permitido revisar esa concepción que entendía la lectura como decodificación, es decir como actividad que consiste en extraer el significado del texto letra a letra, palabra a palabra.

El modelo de lectura surgido de estos estudios permite revalorizar la tarea lectora, como un proceso de construcción del significado de un texto escrito. En el que se producen transacciones entre el pensamiento y el lenguaje. La transacción hace referencia a un proceso en el que tanto el texto como el lector resultan modificados; por otra parte, se entiende la lectura como una experiencia social que implica tanto al lector y al texto como al contexto, en consecuencia el significado, puede definirse como un producto de esa interacción. Esta nueva perspectiva exige pensar en un lector activo que construye su interpretación a partir de su intención de lectura y de lo que sabe acerca del mundo antes de empezar a leer.

Isabel Solé analiza la lectura como un proceso interactivo en el que quien lee construye de una manera activa su interpretación del mensaje a partir de sus conocimientos y experiencias previos, de su hipótesis y de su capacidad de inferir determinados significados. Dirá, al respecto: “La concepción interactiva de la lectura establece que leer es un proceso mediante el cual se comprende el lenguaje escrito. En él intervienen simultáneamente procesamientos descendientes y ascendientes, y el lector eficiente es aquel que utiliza diversas fuentes de información –textuales en sentido amplio, paratextuales y contextuales- para construir el significado del texto. De la relación característica que se establece en la lectura entre el lector y el texto, ambos elementos aportan, ambos son importantes, pero el que dirige es el lector.” (Solé 1997)

Desde esta perspectiva se encuentra un lector activo, que procesa en varios sentidos la información presente en el texto, aportándole sus conocimientos y experiencias previos, sus hipótesis y su capacidad de inferencia, construyendo una interpretación para lo que leer y que, si se lo propone, es capaz de recapitular, resumir y ampliar la información obtenida. Son todas estas las operaciones las que le permiten comprender, objetivo y  esencia de la lectura.

“La impresión de que los universitarios no saben cómo leer depende, con frecuencia, del hecho de que no saben por qué están leyendo los textos asignados...” (Gottschalk y Hjortshoj,2004)

Todos los profesores comparten  la idea de que leer es un componente intrínseco al aprendizaje de cualquier materia, tanto en las ciencias sociales y humanas como en las básicas y experimentales. Es a través de la lectura como los estudiantes del nivel superior toman contacto con la producción académica de un disciplina. La información que los docentes comunicamos es sólo una pista , un organizador para que ellos puedan dirigirse a las fuentes de donde sus enseñantes han abrevado. Es necesario que los alumnos lean la bibliografía; no basta con los apuntes que toman. Y es preciso que lo hagan de forma comprometida, en recurrentes instancias, aprehendiendo lo importante que tienen los textos para una determinada asignatura.

Se espera que los alumnos lean y entiendan de una determinada forma pero no solemos ocuparnos de enseñarles que lo hagan. Leer queda como tarea sólo a cargo de los estudiantes. Y a esto le agregamos las exigencias de  la oralización. Estamos en un ciclo donde le conocimiento dejó de ser importante para convertirse en imprescindible. Y dentro de ese conocimiento la habilidad para expresar una idea es tan importante como la idea misma. La mayoría de los profesionales caemos en el error de sobrevalorar la habilidad de hablar del hombre, sin embargo la oralidad (el hablar bien) es una actividad pocas veces ejercitada. Como docentes ponemos atención a qué cosa debe decir el alumno, y la forma de expresarlo, asimismo no promovemos el espacio para que el alumno se “entrene” en situaciones de oralización: sólo evaluamos.

Aproximadamente el 40 por ciento de los chicos en edad escolar son malos lectores, ya que no codifican y oralizan los contenidos escritos con fluidez o porque  en la oralización misma dejan manifestados vicios y patologías propias de la oralidad, que nunca han sido considerados con la importancia pertinente y que fueron acarreándose a lo largo de toda la escolaridad como simples rasgos regionales o motivos de burlas entre los alumnos.

Está comprobado que la ejercitación de  la oralización, la corrección de vicios, de expresiones y entonaciones ha ayudado a optimizar el lenguaje escrito ya que, a veces, los errores que se cometen en la escritura devienen de los vicios del habla.

“El habla es la representación de la mente, y la escritura es la representación del habla” (Aristóteles) 

Si bien, el aprendizaje de la lectura arranca mucho antes que la escuela y acaba mucho después, acaba con la vida. La comprensión es un camino sin final. Un texto escrito tienen muchos niveles de comprensión y siempre se puede comprender mejor, más extensa y profundamente. Por eso, la enseñanza de la comprensión lectora debe ser tarea general del currículo escolar y debe abarcar a todos los niveles y a todas la materias.

La lectura en voz alta  moviliza a los lectores una serie de recuerdos, emociones, y nuevas ideas que varía según sus experiencias de vida. También ayuda a la organización de conocimientos, al trabajo intelectual, a diversas formas de razonamiento y fortalece la posibilidad de emitir juicios personales, a veces críticos de la realidad que les toca vivir.

Llegar a ser lector es un proceso complejo y un aprendizaje modelado cultural y afectivamente en contacto con otras personas, con otros lectores; que necesita el acceso directo a los textos y se adquiere por la imitación de pautas culturales significativamente valoradas por el entorno más próximo. De Allí que la lectura en voz alta sirva como ejemplo para evidenciar esa posibilidad de compartir  lo que puede ofrecer un texto cuando es leído por una persona que lo hace con cariño, disposición y pasión.

Es importante recordar que los docentes y la escuela son los eslabones primordiales y específicos donde se tipifican las pautas y conductas sociales.

Por ello se hace imprescindible intervenir pedagógicamente para que los alumnos lean, escuchen leer, vean a sus educadores como modelos lectores portar libros, llevarlos al aula, hablar de ellos y compartir el mejor momento de su lectura con los estudiantes.

El docente es un orador natural, por lo que la experiencia de una lectura en voz alta no le resultará una tarea difícil.

META:

Citando a Jorge O. Fernández (2005) “Hablar bien hace a cualquier discurso más creíble, y otorga una impresión de seguridad y cultura. Hablar bien da éxito y optimiza las relaciones interpersonales. Hablar bien cualifica cualquier profesión y actividad. Hablar bien potencia la persuasión. Y el hablar es el principio de toda comunicación humana.”

OBJETIVOS:

CRITERIOS DE EVALUACIÓN:

ACTIVIDADES:

Actividades Preparatorias:

Actividades de Desarrollo:

Actividades Finales:

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